El País de los Eternos Hielos


Para hablar conmigo enviame aqui una paloma

domingo, 28 de marzo de 2010

Nunca supo como se habían conocido sus padres. Jamás ninguno de los dos lo contaron. Pensaba que era muy bonito guardar ese tipo de secretos, una cosa (completamente) de los dos. De pequeña imaginaba a su madre como un agente secreto, un espía doble que se enamoraba de su padre y buscaba un trabajo común con el fin de pasar desapercibida. Durante su adolescencia pensaba que quizás ambos se conocieron en una situación ridícula y que por eso, no lo confesaron nunca. Ahora, viéndolo desde su optica de madre, simplemente se da cuenta de las pequeñas parcelas de intimidad elegida por cada persona.

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Pues sí, un buen día uno se da cuenta que pedir ayuda cuando uno tiene un problema no es lo suyo... ¡¡malas costumbres las mías!! pensaría el fulano. Pero lo peor de eso, es que cuando pide ayuda (y no lo suele hacer, que Fulano es autosuficiente) tal vez la gente no responda de la manera que él espera o esperaría cualquier hijo de vecino (que somos todos, porque todos tenemos vecinos, aunque no todos ellos tengan hijos): acudiendo. Hijo (de vecino), es que eres tan independiente, se excusan algunas voces, otras callan para no meter más la pata, y pronto, los días y las noches se suceden y todo parece como si nunca hubiese pasado nada, regresa esa (a)normalidad. Vuelve la independencia de la gente que a uno le rodea y uno termina dándose cuenta que el mundo gira, para él y para su ombligo (y para todo hijo de vecino, además).

Yo que miraba desde lo alto de las cimas me he sentido en la sima más oscura, y quizás he pecado. He sido débil y he pedido ayuda, me he tragado la soberbia de la que hago gala con cierta gula y, tras ello, me ha recorrido el cuerpo una sensación plancentera cercana a la lujuria, yo que pensaba de mi que jamás exceso avaricioso podia tener, hoy, me he dado cuenta que nada más lejos y me he sentido tan airada que creo que algo se ha roto dentro de mi. Ha sido entonces cuando he sentido cierta envidia de ver lo que no tengo (y creía tener) y mi ánimo se ha llenado de acídia.



De hecho, hace tiempo lancé un órdago, que se ha debido tomar como farol. Es triste. Pero bueno, es lo que hay, yo ya me he puesto a buscar gente afín a mi.

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martes, 16 de marzo de 2010

Hay una cosa que me pasa con frecuencia y es que la gente me hable por la calle sin conocerme, una de dos: o tengo una cara común o llamo la atención.

Hace unas semanas regresaba del trabajo y cuando llegaba a mi casa, un chico se me puso a hablar en francés desde la acera de enfrente, amablemente (en el poco francés que entiendo y soy capaz de usar) le contesté al piropo y para mi sorpresa continuamos la (básica) conversación hasta que llegué a mi portal. Bueno, pues este fin de semana no pensaba salir, tenía cosas que hacer pero al final una se deja liar... y es lo que tiene... acabamos en un bar con juegos de mesa y cuando la partida decaía para mi grupo, fue a salir del local un chico pero antes de eso se giró y dijo: 50 euros a que ella (señalándome a mi) gana la partida. Por supuesto contesté yo... y nos echamos a reir... pues bien, mi equipo ganó la partida gracias a mi respuesta (bueno, que la pregunta fuera sobre mitología también ayudó).

¡Me encanta que me pasen cosas raras!.

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lunes, 15 de marzo de 2010

Escuchaba en la radio hoy que hablaban sobre el miedo. Según comentaban hay tres tipos de miedo diferentes: el que se da por una (mala) experiencia previa, el temor por algo de lo que no conocemos y miedo a cosas inexistentes que nosotros mismos creamos en nuestra mente.

El miedo surge de las situaciones que, por nosotros mismos, no controlamos. Está claro que si las controlásemos nuestros sentidos no nos alertarían. El miedo nace con nosotros y con nosotros muere, por eso los miedos son tan diversos y tan personales, lo que a mi puede afectarme de manera grave, a otra persona le puede parece algo irrisorio.


Me ha llamado la atención lo comunes que son: una de las escuchantes que ha llamado para intervenir hablaba del miedo de no estar a la altura y no poder ayudar a los que la rodean. Otro que le pasasen cosas graves a sus seres queridos. Otro(s), la soledad.

Lo dicho, el miedo es algo que nos hace sentir vivos. Pero es similar a las sensaciones placenteras, disfrutamos de ellas porque no sabemos (queremos, en muchos casos) controlarlas. El vello se eriza en una de estas situaciones de tensión y en un momento de placer (por poner un ejemplo ingenuo que te acaricien con un dedo por espalda desnuda). Hay que disfrutar de cada una en su propia (y única) dimensión.

Joe... parezco un libro de autoayuda... jajajajaja! Buenas noches que ya es tarde (y se empieza a notar)...

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