Ayer menuda tarde surrealista que pasé. Bueno, exagero, no fue toda la tarde: sólo de las 17:10 a las 17:18 (¡como muchísimo!). Pues como siempre andaba yo caminando por la calle pensando en el sentido de la vida... (no, en el sentido de la vida no, que acababa de salir del trabajo y me había comprado un cepillo de dientes nuevo para llevarlo en el bolso, pues eso, que queda más bonito en el sentido de la vida) y después de fichar la salida metí el abono trasportes en el bolsillo de atrás del pantalón, pues eso, estaba yo en mi mundodealgodóndeazúcarrosa llegué al metro y me dí cuenta por la entrada, volví sobre mis pasos mirando al suelo y de pronto una señora a unos diez metros me grita ¿buscas un abono? -Sí, lo he perdido-contesto yo. -Lo tiene ese autobusero- dice mientras señala un autobús en la acera de enfrente que se esta poniendo en marcha. Gracias-le grito y salgo corriendo por la acera, pero me doy cuenta que con el semáforo que tiene delante en verde será imposible alcanzarle corriendo (y que una ya esta mayor para ir corriendo detrás de los autobuses) por lo que salgo a la calzada, cruzo a la dirección opuesta y paro un taxi... y fue entonces cuando la frase peliculera que TODOS alguna vez hemos deseado pronunciar salió de mis labios: ¡¡Siga a ese autobús!! El taxista que me frena en el culo del bus y me dice que me baje, pero el autobús está arrancando de nuevo porque era una parada!! pues seguimos detrás y cuando por fin en Rubén Darío bajo del taxi y salgo corriendo y en la puerta cerrada del bus gesticulando con las manos y bocalizando "abono" me abre la puerta... menos mal que el autobusero era joven y majo, me lo dio... después tomé de nuevo el taxi porque tenía que ir a Neptuno que había quedado allí a las 17:30 por cosas del trabajo (al sentarme en el taxi me temblaban las piernas, no sé si de la emoción o de la falta de ejercicio...)
La verdad que me tocó el único taxista soso de todo Metrópolis, porque se quedó con cara de pasmado (y con lo que les suele gustar hablar a los taxistas) ni se metió conmigo por la torpeza de perder el abono y salir peliculeando.
La verdad que me tocó el único taxista soso de todo Metrópolis, porque se quedó con cara de pasmado (y con lo que les suele gustar hablar a los taxistas) ni se metió conmigo por la torpeza de perder el abono y salir peliculeando.
Etiquetas: Bailando con zapatos viejos, No me reconozco ni yo




2 Comments:
Pues si que es surrealista la cosa, si.
Un saludo.
Lo que intenté ayer y no me dejó.
¿cepillo de dientes para el bolso?
*sonrie mientras alza las cejas?
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