No lo dudó ni un momento. Al abrir la ventana de su nuevo despacho se dió cuenta que ese estaba cerca de ser el trabajo de su vida. Tras estudiar la carrera y pasar durante años de un empleo a otro sin que le convenciese lo que hacía, por fin, encontró una oferta para ser administrativo para una empresa de repuestos usados de coches: turno partido, no tardaba más de tres cuartos de hora en llegar por las mañanas, monótono pero también tranquilo y estable. Igual que otros trabajos donde había estado. Pero de lo que se dió cuenta cuando abrió la ventaba de su despacho situado en el entresuelo del edificio fue que desde ahí podría disfrutar de las vistas a ras de suelo de la acera... un lujo, cuando su mayor fetiche eran los pies...
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1 Comments:
Muy bueno, compañera.
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