Epístola a María II
No hay situaciones sencillas, es nuestra manera de afrontarlas las que hace que nos suponga menor la cuesta arriba. Eres una luchadora nata. Te conocí siendo así. Fueron las circunstancias, sin padres tan luchadores como los nuestros y medio país de por medio, no creo que nos hubiéramos conocido. Pero te admiro. Me pareces una persona constante, entregada a las causas, madura, con los ideales claros. Pero no siempre es sencillo hablar. Ese nudo que tenemos en la garganta y que nos apresa, que nos deja la boca seca. Tranquila. Fuiste la única que conoció lo difícil de mi historia con J. en el momento en que se estaba produciendo. No decaigas. La vida está llena de decisiones que nos hacen más fuertes. Siempre, SIEMPRE, son aciertos. Porque es tu vida. ¿Y lo genial que es equivocarse para que dar la vuelta a una esquina y darte cuenta que las cosas dejan de estar torcidas?
No a todas las personas que conozco las considero amigas mías. Contigo fue desde el principio. Hay mucha complicidad. Debatir. Creo que fuiste la primera persona con quién debatí abiertamente de política. Claridad de palabra. Yo lo entiendo como algo inherente a la amistad. Por mucho tiempo que pase, los vínculos están creados. Yo urbanitas. Tú lo contrario. Eso sí, la fashion victim eres tú. Vale, lo somos ambas.
Etiquetas: epistolas




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