Un miércoles cualquiera de Abril salí de casa a dar una vuelta, por aquel entonces había quedado con mi amigo y llevaba mi vestido verde de cuadros. Quizás porque iba segura de mi misma, porque me gusta el vestido (o quizás no me queda mal del todo) piropearon mis piernas (y eso que son pequeñitas) si no fueron seis tíos hasta que ya encontré a mi amigo. Se lo comenté como hecho extraordinario, casi sonrió para llamarme ingenua. Paseábamos al cabo del rato, estábamos llegando por Chueca, me dijo socarronamente "a ese le va a dejar su novio por como te ha mirado las piernas".




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