Me noto la cara hinchada. Los parpados parecen de plástico. Las manos no parecen las mías, ni los dedos ni el rosa de las uñas, ni mi cuerpo... Llevo un tiempo notando algo raro. Pero me miro al espejo y sigo siendo yo mismo, no he cambiado: los ojos oscuros, la sonrisa socarrona, los dientes alineados, gracias al corrector dental todo hay que decirlo. Soy yo. Yo. Me visto con la misma ropa y camino por las mismas calles con el mismo calzado. Me muevo con la misma gente, me relaciono con las mismas mujeres (o al menos el mismo estilo de mujer). Pero hay algo que no termina de cuadrarme. Lo percibí no hace mucho pero tampoco hace demasiado que me di cuenta de ello, lo que no quiere decir que no haya pasado desde hace más tiempo. Salgo a la calle y no siento el frío, sí lo siento pero no termino de sentirlo... puede que mi cuerpo adapte su temperatura a la del ambiente. La lluvia me cae encima como una ducha tibia, no siento placer de las gotas escurrían hacia el suelo por el pelo, la cara... Y lo más importante, ya no tiemblo: se me han atrofiado los sentimientos...
Etiquetas: Cuéntame cuentos




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