
Molestate no en preguntarle a alguien lo que quieres saber. Molestate en escuchar lo que esa persona está dispuesto a contarte, a compartir contigo. Quizás sea previsible, quizás te sorprendas. Aprende a leer el movimiento de sus pestañas, la manera de fruncir los labios o cuando una comisura se eleva de manera inapreciable. Molestate en leer.




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