Un cuento de no-navidad
Después de tantos años, Mamá Noel estaba cansada de abrir cartas, no por las ilusiones de las que estaban repletas (ese extraordinario sentimiento), si no por los cortes en los dedos, la clasificación por comportamiento de los infantes... y es que llegaban cerca de 3000 diarias (y eso que aún no estaba cerca la Navidad...).
Poco previsiblemente Mamá Noel escribió una carta y la dejó sobre la almohada de Papá Noel. Necesitaba tiempo, eso no era lo que ella había soñado, ni la vida que él le había prometido, estaba harto cansada del trabajo en Laponia, fría durante todo el año. Así que se vistió de verde (lo más actual que pudo) y metió en su maleta, verde también, algo de ropa.
Al llegar a la gris Ciudad-indeterminada, buscó empleo y obtuvo un puesto de secretaria en una multinacional. Pero al ser la última en entrar en el departamento, le tocó el trabajo que nadie quería: la gestión del correo.
Poco previsiblemente Mamá Noel escribió una carta y la dejó sobre la almohada de Papá Noel. Necesitaba tiempo, eso no era lo que ella había soñado, ni la vida que él le había prometido, estaba harto cansada del trabajo en Laponia, fría durante todo el año. Así que se vistió de verde (lo más actual que pudo) y metió en su maleta, verde también, algo de ropa.
Al llegar a la gris Ciudad-indeterminada, buscó empleo y obtuvo un puesto de secretaria en una multinacional. Pero al ser la última en entrar en el departamento, le tocó el trabajo que nadie quería: la gestión del correo.
Etiquetas: Cuéntame cuentos




2 Comments:
Bravo, es buenísimo.
Delicioso!!
Un beso desde un lugar perdido en el desierto.
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