S.G.R.
Buceando en un correo que (ya) casi nunca miro, he encontrado retazos de otra época en que cambiaba poemas con una persona a la que admiré y admiro mucho. He releido los suyos (evidentemente no eran para mi sino para su esposa) pero consigue que se me ponga la piel de gallina aún cuando ha pasado tanto tiempo.
Él se llamaba Artemio y yo me apellidaba De Troyes. Junto con muchos otros formé un ápice de un sueño. ¡¡Qué bonito es soñar!!
Por si alguna vez encuentra este blog, me quedo con la última línea que he leido: Tu íntima ausencia, soy yo, recordándote.
Él se llamaba Artemio y yo me apellidaba De Troyes. Junto con muchos otros formé un ápice de un sueño. ¡¡Qué bonito es soñar!!
Por si alguna vez encuentra este blog, me quedo con la última línea que he leido: Tu íntima ausencia, soy yo, recordándote.




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