Todos los días me cruzo con él. Dos veces para ser más exactos. Una al irme al trabajo y otra al regresar. Son encuentros breves pero intensos. Se me rompe el alma cada vez que le veo. Tenía ganas hace tiempo de escribir un microrrelato como el que escribí el día que le vi caído en las escaleras del metro con un cartón de vino. Qué lejos le queda la luz del sol de África, qué helado tiene que tener el corazón.




0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home